Epicuro y la búsqueda de la felicidad II

Busto de Epicuro. Museo de Pérgamo

Busto de Epicuro. Museo de Pérgamo

Epicuro y la búsqueda de la felicidad II

A los 35 años, después de haber viajado también por otras ciudades griegas, como Mitilene y Colofón,  viaja de nuevo a Atenas, en donde adquirió un jardín fuera de la ciudad, situado entre la puerta Dipylon que era la puerta principal que daba a la calle más ancha de la ciudad, y entre la Academia (que seguían la enseñanza de Platón). Por ello fueron llamados “los del Jardín”, ya que era costumbre llamar a las escuelas con el nombre donde se reunían.

El Jardín de la amistad

Las personas que integraban la escuela del Jardín podían ser hombres o mujeres, no importaba su clase social,  eran esclavos o o ciudadanos,  jóvenes o ancianos, incluso se admitían niños.  Un discípulo de sus enseñanzas, Diógenes de Enoanda, en siglo II d. C hizo esculpir estas palabras en el frontón de un templo descubierto en 1884: “Las varias divisiones de la Tierra dan a cada pueblo una patria distinta. Pero el mundo habitado ofrece a todos los hombres capaces de amistad  una sola casa común: la Tierra ” .

Otra característica de Epicuro es que va a buscar una enseñanza más íntima, es decir, no grandes clases con muchas personas y un profesor, si no una escuela en donde la relación entre el Maestro y el alumno o Discípulo fuera más íntima, más cercana, más humana, es decir que hubiera un vínculo entre ambos.

También poseemos fragmentos de un escrito del epicúreo Filodemo “Sobre la libertad de la palabra”. En él trata de la confianza y de la franqueza que debe reinar entre maestro y discípulo y entre estos últimos. Lo contrario a la franqueza sería el disimulo y el ocultamiento, que son la peor ofensa contra la amistad. Filodemo también explica que los amigos no son perfectos. Por sus faltas no dejaremos de ser sus amigos. Lo importante es que esas faltas no se oculten y siempre haya buena disposición para resolverlas.

 

Una de las cosas por las que recordamos a Epicuro es precisamente por su filosofía de la amistad. Para él existe una primera amistad, que el llamaría  por utilidad o por placer que vendría de la palabra Philoi que se podría traducir hoy como el colega o el amigo. Este tipo de amigo, no entraría dentro de la amistad ideal, ya que al ser por utilidad cuando esa utilidad acaba, también acaba la amistad. Serían también amistades circunstanciales.

 

Para Epicuro la verdadera amistad sería la que el llamaría Philia, que es la misma palabra para designar amor. Entre otras cosas estaría caracterizada por una confianza mútua, el estar con alguien como si estuvieras contigo mismo que es lo que Epicuro llamaba Charis, un don, uno de los mejores regalos que nos brinda la amistad. Es el bienestar espiritual que procede de la intimidad y de la comunicación sincera entre las personas.

Epicuro dice que de todos los bienes que la Sabiduría nos proporciona para ser felices, no hay nada superior, más agradable y más fecundo que la amistad.

 

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Sobre los dioses, la muerte, el placer y el dolor.

 

 

Los dioses: las leyes de la vida

Acerca de la manera que tenían de percibir la vida, ellos no eran ateos como muchos han dicho, sino que luchaban contra la superstición que reinaba en ese entonces. Una de sus máximas era: “no hay que temer a los dioses”. ¿Pero que son los dioses?

Para Epicuro, al igual que en general la mayoría de filósofos de la antigüedad, los dioses eran fuerzas de la naturaleza. Toda la vida, la naturaleza y nosotros mismos existen bajo unas leyes. Para eliminar las supersticiones, hay que tener conocimiento de las leyes de la vida.

Decía en la carta a Herodoto, uno de sus discípulos:

“Ante todo, nada proviene de la nada, pues en este caso cualquier cosa podría nacer de cualquier cosa”

Es decir, hay unas leyes en la vida y nada nace de la nada. Un pensamiento, viene de otro pensamiento. Una emoción viene de otra emoción. Y cualquier efecto, cualquier cosa que vemos o que nos pasa, viene de una causa que la ha generado.

 

Sobre la muerte:

Acostúmbrate a pensar que la muerte no es nada para nosotros. Porque todo bien y todo mal residen en la sensación, y la muerte es privación del sentir.

Así que el más espantoso de los males nada es para nosotros, puesto que mientras somos la muerte no está presente, y cuando la muerte se presenta ya no existimos. En nada afecta, pues, ni a los vivos ni a los muertos, porque para aquellos no está y éstos ya no son (…). El sabio, en cambio, ni rehúsa la vida ni teme el no vivir, porque no le abruma el vivir, ni considera que sea algún mal el no vivir.

¿Por qué tememos la muerte? Quizás porque tememos perder la vida, perder nuestras posesiones, nuestros seres amados.  ¿Qué sentido tienen las cosas si su destino es la extinción? Este es quizás el tema más importante, que en las obras que nos quedan de Epicuro (que son muy escasas) no se acaba de aclarar.

Sobre el placer:

“Cuando decimos que el placer es el bien supremo de la vida, no entendemos los placeres de los disolutos y los placeres sensuales, como creen algunos que desconocen o no aceptan o interpretan mal nuestra doctrina, sino el no tener dolor en el cuerpo ni turbación en el alma.” Carta a Meneceo.

Muy al contrario de lo que se cree cuando se les llama los filósofos Hedonistas, en el jardín tenían una vida muy austera, en el sentido que para ellos la felicidad radicaba no en las cosas exteriores como el dinero, los lujos, la ambición, la fama, etc. Sino que se encontraba en el interior de cada uno.

¿Por qué las personas no son felices? A sus discípulos les explicaría que ignoramos lo que nos hace realmente felices. No siempre deseamos aquello que necesitamos. Al no saber bien lo que necesitamos somos víctimas de deseos sustitutivos.

Para ellos, era importante tener las necesidades básicas cubiertas, de manera sencilla para luego poderse dedicar a los que eran los verdaderos placeres.

Epicuro decía, hay que ser conocedor de los placeres, para que sean un bien para nosotros y no una enfermedad.

Nos habla de 3 tipos de deseos:

Deseos que no son naturales ni necesarios:

En este tipo de deseos entrarían el deseo de ser admirado, deseo de que la gente nos aplauda por las cosas que hacemos. También el deseo de tener riquezas,  de tener todo a lo que quiero a nivel material.

Estos deseos dice Epicuro que son peligrosos primero porque corremos el riesgo de que aumente nuestra vanidad. Y luego es que siempre dependemos de los demás. ¿Te gusta lo que hago? ¿Estás de acuerdo?  ¿Me quieres?

Deseos que son naturales pero no necesarios:

El deseo de comer cosas sabrosas o el deseo sexual entrarían dentro de estos deseos naturales pero no necesarios. En este caso Epicuro  va a buscar el punto medio. Como decían los estoicos: nada en exceso. Porque caemos en el riego de que al final no seamos nosotros quienes dominemos al deseo, sino que sea el deseo el que nos domine a nosotros.

Epicuro busca el equilibrio, la mesura, la armonía que huye de los extremos. El decía: “La excesiva quietud es desidia  y la exagerada actividad es locura”.

No hay que caer ni en el ascetismo, porque no lo aguantamos, ni en el exceso de placer. Como las cuerdas de una guitarra: si están muy flojas no suenan, si están muy tensas, se rompen. Tienen que estar afinadas en su justa medida para que suenen bien. Y así también el ser humano.

Aquí entra el concepto de la verdadera libertad, de la autarquía. Y en este sentido Epicuro también nos lleva a plantearnos: ¿Pienso o soy pensado por todo lo que hay a mi alrededor? Para Epicuro, la verdadera libertad, la autarquía es tener libertad para dirigir nuestra vida. Muchas veces estamos atrapados en cosas que no queremos, queremos cambiar cosas pero no lo hacemos. Para Epicuro eso es ser un esclavo de nosotros mismos  y así nunca se puede llegar  la felicidad.

Deseos naturales y necesarios

Los deseos naturales y necesarios son los que nos permiten tener las necesidades básicas cubiertas (alimento, una casa para poder vivir, abrigo, etc.). Estos deseos o necesidades no son importantes por sí mismas, sino simplemente porque cuando están cubiertas nos permiten dedicarnos a las cosas verdaderamente importantes, como por ejemplo cultivar la verdadera amistad.

Sobre el dolor:

El sintetizaba la causa de todos los males de la siguiente manera:

Nuestros dolores vienen de unas ideas equivocadas que tenemos acerca de la vida, vienen de falsas creencias, y de opiniones erróneas. Con lo cual para liberarnos tenemos que cambiar nuestras ideas.

Epicuro se llamaba a sí mismo, un curador de almas, un médico de almas. Y que esa era su principal función como Maestro: curar al hombre del temor y del miedo.

La misión de la filosofía sería ante todo terapéutica: hay que sanar primero de todo la enfermedad del alma. El decía:

“Pues así como no sirve para nada la medicina si no elimina las enfermedades del cuerpo, así tampoco la filosofía si no nos libera de los dolores del alma”

Epicuro, médico de almas:

El Jardín de Epicuro, el Jardín de la Amistad, era un lugar terapéutico en donde se enseñaba el arte de vivir, el arte de ser feliz.  En su carta a Meneceo le dice:

“La creencia es la raíz de la enfermedad. La cura debe venir de un tratamiento de las creencias. El arte de la curación debe ser un arte que este bien dotado para cambiar y superar la creencia falsa. Este es el arte de razonar.”

Epicuro comprende que su mundo enfermo necesita la ayuda de una terapia que opere por la palabra, la palabra curativa de la filosofía que permita hacer ver al discípulo lo erróneo de sus juicios.

La mayoría de los enfermos del alma, dice,  no son conscientes de que sus creencias son la causa de su malestar. Por ello, el médico epicureísta se encargará más bien de mostrarle al discípulo cómo sus creencias sobre sí mismo o sobre los demás o sobre la vida, son las que le llevan al dolor.

También decía que cada discípulo era único  y que no podía realizar el mismo método con todos, sino que cada uno, requería un tratamiento distinto.

Para ver las cosas como son hay que ir a las causas de las cosas, había que despertar en el discípulo la verdadera inteligencia, lo que él llamaba la Phronesis. Porque conseguir la salud del alma, era ver las cosas con sentido común, con verdadera inteligencia.

Ahora es tarea nuestra tomar las riendas de nuestra vida para lograr el bienestar que tanto deseamos.

“Todas estas enseñanzas medítalas, pues, día y noche, por ti solo y también con un compañero semejante a ti. Así no experimentaras perturbación ni en sueño ni en vigilia, más vivirás como un dios entre los hombres” Carta a Meneceo.

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