Epicuro y la búsqueda de la felicidad I

Representación de Epicuro en el cuadro “La escuela de Atenas” del artista Raffaello SanzioRepresentación de Epicuro en el cuadro “La escuela de Atenas” del artista Raffaello Sanzio

Epicuro y la búsqueda de la felicidad I

Epicuro fue un filósofo griego que nació en el siglo IV en la isla de Samos, en la costa de la actual Turquía,  y que en ese momento pertenecía a la polis de Atenas.

Epicuro a la edad de 14 años, estaba en la escuela y su Maestro de retórica citando a Homero dijo: “en el principio era el caos”. Así que Epicuro le preguntó a su profesor: ¿y qué había antes del principio?  Y su maestro le dio una respuesta muy similar a la que dan los adultos a los niños cuando no tienen respuesta a una de sus inteligentes preguntas y la resuelven con un “eres demasiado pequeño para entender eso”. El profesor le contestó: eso no lo sabemos, ese es un tema para los filósofos”.  En ese momento, el joven Epicuro se levantó y se marchó de la clase para no volver mientras decía “Y entonces, ¿a qué vengo aquí,  a perder el tiempo? En este mismo momento me voy a ver a los filósofos”.

Epicuro empezó a tener contacto con la filosofía a la edad de 14 años, en la misma ciudad en donde vivía, y estudió en una academia que seguía las enseñanzas de Platón que había muerto hacía tan solo 20 años.

Los primeros años de su juventud van a estar marcados por las ideas platónicas de la mano de su Maestro Pánfilo. Hasta que a los 18 años tuvo que marchar a Atenas para cumplir servicio militar.

Atenas, la capital griega, estaba llena de escuelas y pensadores. Así que su espíritu inquieto por aprender y por conocer a los sabios le llevó a ir curioseando todas las filosofías que rondaban en su tiempo. Dicen que allí pudo tener su primer contacto con la filosofía de Demócrito a través de Nausífanes y que también observó desde lejos el Liceo de Aristoteles. Pero su sentimiento de insatisfacción e inconformismo le llevaron a buscar algo más. El veía que las teorías estaban muy bien, pero que no aliviaban el dolor y la preocupación de las personas. Así que sus solitarias lecturas de los fundamentales de la época, junto al esfuerzo personal por buscar aliviar el dolor de las personas,  le llevaran a ir creando su propia filosofía, caracterizada por ser fundamentalmente práctica.

Vano es el discurso de aquel filósofo que no cura ninguna afección del ser humano. Pues así como no sirve para nada la medicina si no elimina las enfermedades del cuerpo, así tampoco la filosofía si no nos libera de los dolores del alma.

 

Los cambios sociales y las necesidades filosóficas de las personas

A pesar de que el ser humano tiene sus propias características y unas necesidades básicas comunes, es curioso ver cómo influye el entorno cultural y social en las crisis y necesidades que pueda tener a lo largo de su vida. El siglo IV en Grecia nos muestra un claro ejemplo de ello.

 

La época de Epicuro es una época con muchos problemas sociales. El  siglo IV a.C. en Grecia fue un siglo de guerras incesantes que no sólo agotaron a Grecia materialmente, sino que también marcaron la psicología de las personas.  Sus consecuencias económicas, sociales y políticas provocaron el derrumbamiento de todo la forma de vida que había anteriormente en las ciudades.

 

Algunos de los fenómenos  más significativos son el aumento de la corrupción en el Estado y la rivalidad entre las diferentes ciudades griegas, que durante siglos habían aprendido a convivir juntas más allá de las diferencias.

 

La necesidad de que los seres humanos vuelvan a confiar en los seres humanos

 

El desconcierto y la inestabilidad en todos los sentidos, va ha hacer que las personas necesiten remedios prácticos para sobrellevar las dificultades de la vida. Así que la filosofía de Epicuro se va a centrar en cómo el ser humano puede hallar la felicidad dentro de todas las dificultades exteriores, y también buscará recobrar la necesidad de que los seres humanos vuelvan a confiar en los seres humanos. De ahí seguramente su conocida y necesaria filosofía de la amistad.

Tantos son los cambios en este siglo IV, que históricamente también marcaría el comienzo del helenismo. Se dice que para  los nacidos a fines del siglo IV,  el siglo anterior, la época de Pericles , debió parecerles tan remota y diferente como le puede parecer hoy a un niño de 10 años que ha nacido ya con internet, móviles y televisión, la época de principios de siglo.

Una filosofía práctica para encontrar la felicidad más allá de los conflictos externos

El interés de los filósofos en el siglo IV cambia por completo. Dejamos atrás la filosofía de los presocráticos y de Platón y el interés se centrará en el ser humano. Los  filósofos se van a volver mucho más prácticos y la pregunta esencial del filósofo, rodeado de tantos cambios y de tanta confusión va a ser ¿Quién soy? ¿Cómo puedo ser feliz?

La aparición de los sofistas: cuando las palabras disfrazan la verdad

Un siglo antes, en el siglo V surge además otro factor, con el que ya se tuvieron que enfrentar Sócrates y Platón, que era la aparición de los sofistas. Los sofistas se hacían llamar filósofos también, pero utilizaban otros métodos. Los sofistas cobraban por lo que enseñaban, cosa impensable en la antigüedad, ya que  ningún filósofo cobraba porque la sabiduría no se podía comerciar. Tenían una gran elocuencia, la gente se quedaba impresionada al escucharlos, por la belleza de sus palabras. Sin embargo no necesariamente tenían que decir la verdad. Es decir, que utilizaban la elocuencia y la lógica para decir lo que les interesaba. Incluso podían explicar una cosa  y lo contrario de lo mismo.

De entre todos los filósofos que habían en Grecia, gran parte de ellos eran sofistas, con lo cual, la sociedad estaba llena de intelectuales, en donde cada uno daba su punto de vista. Había muchas teorías para todo, mucha palabra, pero las personas seguían sintiendo incertidumbre y en realidad no tenían ningún lugar en donde apoyarse realmente, en donde les dieran respuestas no solo lógicas, sino válidas.

La superstición: tomar por literal lo simbólico

Además de un extremo materialismo dialectico,  por otra parte, existía mucha superstición. ¿Por qué? Porque los mitos de los héroes como Ulises, Aquiles, Eneas, o los mitos de los dioses como Zeus, Atenea, Hermes, Afrodita, empezaron a leerse y a interpretarse literalmente. Es decir, que ya no se buscaba lo que había detrás del mito. No se buscaba el contenido simbólico sino que se interpretaba literalmente, con lo cual las personas empezaron a temer a los dioses, imaginándolos sentados en el Olimpo, o imaginándolos con cualidades humanas como la venganza, los celos o la ira. Todo ello generó supersticiones y miedo. Y las personas empezaron a cerrarse cada vez más en su propio círculo personal, ya que si no existe la justicia ideal, el amor ideal, sino existen las virtudes, si desparece el mito como un puente entre lo humano y lo arquetípico, entonces se pierde la confianza en la vida y en la naturaleza.

 

Epicuro y la búsqueda de la felicidad II

 

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